Gastronomía
en la Edad Media
" El hombre es lo que come",
escribió Feuerbach, y aunque esto pueda ser discutido es
innegable cada momento de la historia tiene unos modales a la
mesa y una forma de preparar y condimentar los alimentos.
A menudo tenemos una idea equivocada
-quizás por la deformación cinematográfica-
de lo que verdaderamente son las formas de vida de un determinado
periodo. En cuanto se refieres a los gustos de la nobleza medieval,
la realidad tuvo bien poco que ver con las juergas que nos describen
las películas. Nada de grandes piezas comidas a bocado
limpio mientras las salsas chorreaban hasta el codo. Los platos
medievales fueron asombrosas mezclas en las que sobresalían
sobre todos los sabores las especias, que llegaron a occidente
de la mano de los contactos con oriente.
He aquí uno de los principales
problemas medievales: La conservación de alimentos, en
un periodo en que los alimentos se conservaban principalmente
mediante el ahumado y la sal, y en el que menudeaban las crisis
de subsistencias, el control de las salinas y del acceso a la
ruta de las especias comenzó a ser fuente de riqueza y
problema de estado, el problema de la sal lo solucionó
la corona arrogándose el monopolio sobre las salinas pero
el problema de la ruta de las especias era aún más
grave y creció cuando los cruzados se retiraron de oriente,
ya que los mercaderes cristianos quedaron desprotegidos en una
zona hostil expuestos al bandidaje y al pillaje.
El uso de las especias en este
momento en que servían para dar color a una cocina gris
y para disimular incluso el sabor de ciertos alimentos en estado
de mala conservación la cuestión se fue agrandando
más y más.
El problema pronto empezó
a ser tan acuciante que los monarcas medievales subvencionaron
y protegieron la investigación y la búsqueda de
nuevas rutas. Este y no otro fue el marco del descubrimiento de
Cristóbal Colón pues la monarquía hispana
deseaban encontrar una ruta a oriente al margen de la de África.
Buscaban las indias orientales y encontraron un nuevo continente.
Costumbres gastronómicas
medievales
Las costumbres gastronómicas
medievales diferían según se tratase de banquetes
para la corte, invitaciones domésticas o cenas en el monasterio.
En las casas particulares todo
el mundo comía a la vez: el señor, la esposa, la
familia, los invitados y gran parte de los sirvientes. Los manjares
líquidos y las salsas se tomaban en la misma vasija en
la que eran presentados. Normalmente se usaba sólo una
cuchara, que se iba pasando por turnos, aunque en los lugares
más refinados podían llegar a usarse una por cada
dos personas.
El anfitrión trinchaba los
asados y los invitados comían con los tres primeros dedos
de la mano derecha según el uso morisco. Las piezas cortadas
se colocaban sobre un pedazo de pan ázimo, que servía
como plato o sobre una escudilla de barro o madera. Las sobras
de pan que no iban a usarse para otros platos se depositaban en
un limosnero para repartirlas entre los menesterosos, que hacían
cola en la puerta de los poderosos.
Normalmente no se usaba mantel,
servilletas ni tenedor, los invitados iban provistos de sus propios
cuchillos. Todos solían beber de una misma jarra (el uso
generalizado de los vasos es posterior) aunque se solía
uno limpiar los labios antes de beber.
En los castillos celebran los nobles
la mayor parte de los actos sociales, y por supuesto también
los gastronómicos. Un toque de cuerno anuncia la hora del
primer yantar. Tras esta llamada el infanzón, los huéspedes
y determinados sirvientes tomaban asiento en los escaños
de madera ante la mesa, en la que comían los que no estaban
encargados de servir.
Normalmente las mujeres no solían
participar en estos banquetes a no ser que fueran de corte. En
estos casos la esposa no tenía plato propio sino que comía
del de su marido, lo que se consideraba un honor. De ahí
la frase "comer en el mismo plato".
Arraiga también en
este tiempo la costumbre de sacar todas las viandas a la vez,
estando los sirvientes encargados de pasar platos y salsas para
facilitar el trabajo. La bebida solía ser abundante, y
algunos señores contrataban a un paje para que escarciara
el vino.
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